sábado, 29 de diciembre de 2012

La elaboración del plan de desarrollo ecoturístico

Por Ulises Alcántara Martínez
 

En esta entrega especial para el estudioso del tema del turismo y esta modalidad de reciente bautismo pero de larga existencia, tratamos de presentar un enfoque sobre el ecoturismo compatible con una irrebatible realidad: no se puede pretender que las investigaciones científicas y el rigor de la metodología se coloquen como ejercito opositor en una solapada lucha por sustituir al turismo de sol, playa y arena por el ambientalmente amigable ecoturismo. Nuestro enfoque es el enfoque turístico, de desarrollo e integración de las prácticas de respeto a los ecosistemas y con ello a todos los elementos que los compongan.

 

En ese sentido es propicio valorar que el mismo ha sido asumido en la práctica por muchos proyectos tradicionales, algunos de los cuales poseen dentro de su oferta, practicas relacionadas al ecoturismo, o un departamento de ecoturismo, el cual se encarga de estas actividades integradoras, las cuales se enmarcan en dos aspectos:

 

1.      La integración de mayor conciencia conservacionista dentro del mismo proyecto.

2.      La asociación con proyectos de exclusivas prácticas conservacionistas, para incluir dentro de las ofertas del proyecto tradicional visitas y convivencias de corte ecoturístico.

 

Indefiniciones

 

Propicio es plantear un nivel de indefiniciones presente en el marco teórico del ecoturismo, el cual tiende a causar balbuceos e imprecisiones a la hora de hablar sobre el tema.  Se trata de la tendencia a llamar de manera indiferente a la actividad como ecoturismo, turismo de la naturaleza o turismo de aventura. Debemos hacer notar que el ecoturismo es incluyente, pero no sinónimo de una práctica de turismo natural. Y es que, basados en su misma concepción teórica, en la génesis de su nombre, el ecoturismo comparte con la ecología, la rama de la biología que estudia la relación de los seres vivos con su hábitat. Es decir, que estamos ante prácticas de ecoturismo al entrar en contacto con el hábitat natural de un conglomerado determinado, siempre que su modo de vida sea amigable con la conservación del medio ambiente. La práctica no se limita al contacto con el campo, la flora, la fauna y demás factores naturales.

 

Existen comunidades de escaso tecnicismo naturalista, pero con arraigadas costumbres de vida natural, cuyas aldeas o poblados se convierten en el centro de los más interesantes proyectos ecoturísticos (citamos una vez más, como ejemplo, practicas de esta índole en la selva Lacandona, en el estado mexicano de Chiapas).

 

Por otro lado, el denominado turismo de aventuras puede o no ser amigable con el medioambiente. Siempre que se circunscriba a prácticas que no dañen el ambiente, es decir “de bajo o ningún impacto ambiental”, podrán entonces ser practicas insertadas dentro del ecoturismo. Pero debemos recordar que no es ecoturismo nada que signifique emisión descontrolada de CO, refrigerantes, destrucción de plantas, destrucción de vida acuática, destrucción de arrecifes de coral, envenenamiento de aguas, o cualquier otra practica de naturaleza lesiva al medio ambiente.

PRINCIPALES ASPECTOS A DEFINIR PARA

LA ELABORACION DEL PLAN

 

Ahora nos centraremos en los pasos para la elaboración del plan de desarrollo de un proyecto ecoturístico, sin reparar en las salvedades previas.

 

1.      Definir el inventario de atractivos ecoturísticos: como en todo proyecto, en todo documento estratégico, hay que definir los recursos disponibles como parte de la oferta ecoturística. Debemos tener muy claro con que cuenta la zona y el nivel de atractivo que pueda esto generar. Pero esa calibración es paso posterior. Sigamos con el inventario. Es importante jerarquizar estos recursos de acuerdo a su importancia, disponibilidad e interés generado. En este punto lloveremos sobre mojado. Debemos contar con un inventario tan amplio y variado que permita su depuración, incluyendo la eliminación de los menos atractivos, y donde podamos garantizar la estadía entretenida del turista por una cantidad de tiempo determinada o aproximada. Un observatorio de aves puede ser muy interesante. Pero a medidas que pasan las horas se puede tornar menos interesante y más “exclusivo”, llegando a generar el aburrimiento de una alta proporción de turistas, hambrientos de “más”, y quedando solo para los más estudiosos de las aves. Mal negocio, aburrir al turista durante las actividades que deben ser entretenidas. Por eso la variedad en el inventario debe ser amplia, que permita trazar rutas interesantes y nunca monótonas.

 

2.      Planificación de rutas: es en base al inventario que estaremos planificando las rutas o senderos. No deben cubrirse tantos atractivos que falte tiempo para disfrutarlos a plenitud, ni tan pocos que se monotonice la actividad. El turista está pagando para ser entretenido, y esa es una verdad sin discusión. El hecho de que participe de nuestra operación constructiva y conservadora del medio ambiente no cambia su naturaleza de cliente que busca emociones. Y en la monotonía no hay emoción gratificante.

 

3.      Definición aproximada de la “Capacidad de Carga”: se refiera a la cuantificación aproximada del número de personas que pueden visitar de manera simultánea o en un período determinado la zona en cuestión, sin causar impacto negativo. Esta definición está estrechamente ligada a la Evaluación de Impacto Ambiental.

 

4.      Evaluación de Impacto Ambiental (EIA): este pertenece de manera exclusiva a expertos ambientalistas, capaces de definir el volumen de impacto negativo que pueda ser causado por las modificaciones necesarias al ecosistema para adaptarlo a la práctica ecoturística, y el que puedan causar los visitantes en materia de contaminación, erosión, o daños colaterales a las formas de vida presente en la zona.

 

 

5.      Estructuras colaterales de servicio: con este nombre podemos generalizar toda la estructura necesaria para brindar los servicios básicos a los visitantes: alojamiento, comidas y bebidas, energía y agua potable, facilidades médicas, facilidades de telecomunicaciones, opciones de manejo financiero, etc. Estas estructuras dependerán en gran medida del grado de desarrollo de la comunidad visitada y del grado de compenetración pretendida entre el cliente y el prestador

de servicios. Es así como podemos encontrar proyectos ecoturísticos con cabañas de aspecto típico de la zona, pero con las debidas comodidades internas, pero también podemos encontrar casos como los de comunidades indígenas, donde la experiencia de vida del turista se centra en la misma experiencia del nativo. El turista vive en una de sus casas, como lo que ellos comen, aprende sus métodos de cocción de alimentos, sus prácticas cotidianas de supervivencia, y agota una experiencia de baja inversión pero de alto retorno. Aprovechamos acá para regresar a la intención de una mayor integración de la actividad turística tradicional con las prácticas del ecoturismo. La experiencia precedente puede formar parte de un paquete turístico tradicional. Muchos de los visitantes a las comodidades de sol, playa y arena buscan una pequeña brecha, una hendija que les permita escaparse de lo tradicional por unas horas, por un par de días, pero luego regresar a los placeres de la mezcla de lo natural con lo artificial. Punto este de pertinente manoseo, pues estos tres elementos, sol, agua y arena, no dejan de ser naturales, tan naturales como la mejor opción del mercado del ecoturismo. Lo que ha ocurrido es que la práctica de un turismo no sostenible ha tornado esta sana actividad en una con alto grado de contaminación, o en el mejor de los casos enemiga indirecta de muchos ecosistemas.

 

6.      Evaluación de las posibilidades: hay que someter el inventario al escrutinio de expertos en el área turística, quienes estén a la vanguardia en conocimientos del área y de las tendencias del mundo en materia de ecoturismo. Estos expertos, agrupados en ONG’s, en entidades oficiales, en operadores de viajes o de “tours”, son los que definirán el éxito o fracaso en términos de afluencia organizada de  público a la oferta turística que estamos preparando.

 

7.      Plan de mercadeo: en este aspecto deberán intervenir expertos en el manejo de las “4 P’s”, las cuales son: producto, precio, plaza y promoción. No es materia para establecer criterios obnubilados por la falta de práctica y experiencia, pues de este plan depende la salud del proyecto.

 

8.      Finanzas: como en todo plan de negocios, este es un aspecto fundamental para el desarrollo de un proyecto ecoturístico. Ciertamente en términos comparativos la actividad ecoturística es menos exigente, menos costosa que la actividad tradicional, pero si se trata de turismo serio existen factores a considerar los cuales requieren la apropiada inversión económica.

 

9.      Integración de la comunidad: aspecto de singular importancia, el cual hemos tratado a profundidad anteriormente en este texto.

 

Igualmente deben definirse los niveles de retorno esperados para los gestores del proyecto, para la comunidad huésped y para su reinversión en el proyecto de crecimiento sostenible de esta industria amiga de lo no contaminante.  

 

Todo este plan deberá ser complementado por un programa de educación que incluya los aspectos estudiados anteriormente sobre este campo. Este proceso será por necesidad hijo de una serie de regulaciones y normas que deberán ser elaboradas como complemento ineludible para todas las prácticas y para todos los practicantes y visitantes del proyecto, aspectos estos que deberán ser considerados con detenimiento en la elaboración del plan.

 

En gran medida, este un modelo adaptable para el establecimiento de cualquier proyecto turístico, sin la necesidad de que se defina dentro de los parámetros el ecoturismo. Este se encuentra permanentemente abierto a la inclusión de ideas constructivas y enriquecedoras, pues se trata de la optimización de las prácticas que componen y han de componer esta modalidad de turismo que se erige como aliada a la conservación del medioambiente y por ende de la vida sobre el planeta tierra.

 

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